“No hay vergüenza en el trabajo duro”, es lo que el abuelo solía decir. Para la mayoría de los que vivimos el mundo de las Working Holiday Visas, el camino a una vida viajera está hecho de todo menos glamour. Y esa es una dura lección que aprendemos –a veces literalmente- a sangre, sudor y lágrimas.

 

Pienso que si hiciera una película de estos años sería algo así…

Escena 1: Martina limpiando un baño que es de todo menos limpio.

2: De nuevo yo, barriendo en una construcción.

3: En esta escena estoy estrujando kiwis entre mis manos llenas de curitas.

 

¿Cómo se llama la película?

“Crónicas de una Working Holiday, el lado B” –La gráfica del poster es una chica con la cara sucia, casco de obra, y los ojos entrecerrados como pensando en la playa paradisíaca que espera-.

Qué trabajos hacer en working holiday: Construcción
Under construction – Un día de la vida como obrera

Superando el miedo a no conseguir trabajo

En mi caso, mi peor miedo era no conseguir trabajo. Esto casi hace que no me anime a hacer mi primer Working Holiday. Sumado a esto, la barrera del idioma puede ser demasiado intimidante ya que es clave a la hora de conseguir la mayor parte de trabajos mejor pagos o más calificados.

A veces como extranjera sentía que tenía mis opciones muy limitadas. Con el tiempo me di cuenta que eso no tenía por qué ser algo malo. Era un atajo para obligarme a salir de la zona de confort.

Aunque mi inglés era muy bueno, no me tenía la confianza para ir por trabajos mejores. Lo único que me importaba era seguir viviendo esta experiencia, y así fue como terminé trabajando “en lo que venga”. Plantando bajo la lluvia, empacando kiwis, limpiando oficinas, controlando el tráfico… y la lista sigue.

Pero con el tiempo empecé a notar grandes cambios. No tenía miedo de probar cosas nuevas. Ya no pensaba ante todo nuevo desafío “no puedo hacer esto”. Dejé de etiquetar y prejuzgar. Empecé a sentir que no importaba que tan desafiante la vida de expat se pusiera, siempre podría “caer parada”.

 

Preparándose para soltar amarras, tiempo de decisiones

Para llegar a exprimirle el jugo a nuestra experiencia lejos de casa, hay que tomar muchas decisiones. Desprenderse del oficio, título universitario, presión familiar o amigos que nos miran de arriba abajo pensando que ahora somos fervientes hippies.

En otras palabras, liberarse del mandato, del curso predecible que tiene que seguir nuestra vida.

La mayoría de nosotros crecemos con estructuras bien claras: crecer, ir a la uni, casarse, comprar una casa, tener hijos. Soy de la opinión de que esto es hermoso si es lo que deseamos.

Toda decisión tiene un precio. Asentarse rápido en la vida tiene el coste de -tal vez, porque cada vez hay más familias viajeras- no salir de viaje hasta bien entrada la adultez. Pero irse no es nada fácil tampoco.

Hace casi 5 años que no estoy para cumpleaños, navidades, ver a mis amigas formar sus familias. Perdí la oportunidad de insertarme y hacer carrera en lo mío –cine-, al menos en la forma tradicional.

Pero con todo esto, aprendí a crear algo nuevo. Desafié mis limites y empecé a vivir de una forma mas creativa.

Creo que muchas veces nos cuesta dejar ir la expectativa propia y ajena. Nos preocupamos demasiado. Nos definimos de maneras demasiado limitantes, como si sólo fuéramos nuestra profesión o trabajo.

 

“No estudié para terminar empacando kiwis”

Bievenidos a un dilema.

Perseverar y crecer en una carrera es lo mejor que puede pasar si eso es lo que deseamos. Pero vamos, que si queremos algo distinto tenemos que ir por eso nosotros mismos y dejar que los demás hablen.

Si, mucha gente viaja por sus profesiones. Encuentran trabajos, becas, y oportunidades que les permiten vivir en el exterior y dedicarse a lo suyo al mismo tiempo.

Pero hay que entender esto no es nada fácil. Pasan miles de horas preparándose, aprendiendo y generando ellos mismos estas oportunidades.

Hoy por hoy, gracias a las Working Holidays y a la tecnología, una nueva generación “nómada” ha comenzado a desafiar el status-quo. Así y todo, esto de “trabajar en lo que venga” a cada uno le pega diferente. Nuestras historias y experiencias son totalmente distintas.

Siempre escucho “yo no estudié -inserte aquí su título de la uni- para estar pasando el trapo en una cocina”. Y claro, esa actitud no auspicia una muy buena experiencia.

Todos estos trabajos por los que seguramente pasemos nos van a enseñar mucho de la vida. Por esto hoy les comparto 6 lecciones que aprendí trabajando duro en mis años como Working Holidays…

 

Planting hard for the money – Dándole a la pala

 

1- Dejar un lugar mejor que antes – Limpiando oficinas en Dinamarca

La working holiday de Dinamarca tiene reputación de complicada y si que fue una experiencia intensa. Irónicamente, fue acá donde tuve el trabajo mejor pago de mi vida: limpiando oficinas.

En los 3 meses y medio que estuve ahí limpié, literalmente, más de 2000 baños. 100 escritorios por piso, aspirando, separando la basura. Sacando chicles pegados, destapando baños con sorpresa y cáscaras de banana olvidadas sobre los escritorios.

¿Que aprendí en este trabajo?

A ponerme en los zapatos del que viene después que yo. Que un título universitario o un trabajo importante no te hacen respetuoso o bien educado si no sos capaz de dejar un lugar en condiciones dignas.

 

2- Conocer mi cuerpo y lo que necesita – Empacando y Re-empacando kiwis

Packing, re-packing y picking son los trabajos por el que todo recién llegado a Nueva Zelanda como Working Holiday pasa cual ritual de iniciación. No fuimos la excepción. Despues de jornadas de 12 horas en la packhouse, nos esperaba otro trabajo de limpieza.

Durante esos primeros meses trabajaba 15 horas por día. Todo el día de pie, haciendo los mismos movimientos una y otra vez. El re-packing de kiwis fue más duro ya que me lastimaba las manos  por estar todos los días
tocando kiwis que son muy rasposos. Y ni hablar de las contracturas por estar apretando sin parar.

¿Que aprendí?

Que lo que parece un movimiento muy inofensivo, hecho miles de veces al día, se vuelve una tortura para el cuerpo y para la mente. A veces terminaba el día llorando de dolor, pero esto también me hizo resistente. Aprendí a valorar también las pequeñas cosas: no pasar frío, poder sentarse, usar el cerebro.

 

3- Respetar al otro y elegir mi actitud- Obrera en la construcción

La ciudad en la que vivo sufrió dos terremotos que la destruyeron pero también la convirtieron en una gran fuente de trabajo y más para los que están de Working Holiday. Así que trabajé como obrera por 6 meses en un edificio que se estaba reconstruyendo. Los primeros 3 meses barría 44 horas a la semana. Luego mi jefa me pidió que la ayude a organizar las tareas y gracias a esto más adelante pude cnseguir mejores oportunidades.

¿Que aprendí?

Que no todo es color de rosas. Creo que hasta este momento era muy ingenua. En este trabajo entendí como duele el racismo. Esta historia es para otro post, pero sí que me sirvió para abrir los ojos.

También aprendí a elegir mi actitud, que es fácil ante las cosas buenas, pero más difícil ante las adversas.

Sooo ready to fight the bad guys (?)

4- Más fuerte de lo que creía – Plantando plantas bajo la lluvia

Llegado este punto de mi Working Holiday necesitaba hacer tiempo en algo relacionado a la agricultura para poder hacer la extensión de mi visa. Y así fue que conseguí trabajo en un vivero que hacía trabajos muy grandes de re-vegetación. Justo antes de un invierno que fue muy frío.

Era normal trabajar entre la escarcha, la lluvia, con los pies congelados y totalmente mojados. Hemos llegado a estar plantando con el barro hasta las rodillas. Todo el día subiendo y bajando de las colinas con nuestras palas, removiendo la maleza y cargando carretillas.

¿Suena divertido? No lo era excepto por el hecho de que estaba en contacto con la naturaleza, y si hacía buen clima dormía la siesta al sol.

¿Que aprendí?

Que si el frío, el barro, la lluvia y el cansancio no me habían vencido –sin tener el gran estado físico, muy flaca y encima, cero músculo- era porque era una persona fuerte. Bien plantada –¡cuek!

 

5- Salir de la zona de comfort  (de nuevo) – Control de Tráfico

Este fue el trabajo que me hizo decidir a finalmente buscar un trabajo de oficina jaajaja. El aburrimiento extremo me superó. 12 horas –literalmente- parada al costado de la ruta con el cartel de STOP y GO fueron la mayor tortura mental a la que me sometí.

Me di cuenta que estos trabajos se habían convertido en mi zona de confort. Me había acostumbrado, pero también vi que se me iba la vida en ellos.

Era hora de pasar a una nueva etapa. La idea de empezar un proyecto personal empezaba a rondar por mi cabeza, sabía que necesitaba un rumbo pero no tenía ni idea de que ruta tomar.

A partir de ese momento empecé a trabajar en empresas como soporte de staff o “admin”. Siempre contratos temporarios porque viajar es clave en mi vida.

 

6- Uno hace su experiencia. Nadie camina en tus zapatos

Es para hablar de estas experiencias que me decidí a empezar Curiosos Globales. Para motivar a otros a que se animen, más allá del esfuerzo.

No digo que lo tienen que hacer a mi manera bajo ningún punto de vista. Solo digo que no dejen de hacerlo por temor, porque uno va creciendo junto a su amada Working Holiday.

Hoy por hoy aprendí a usar todas estas experiencias a mi favor. Estos trabajos me ayudaron a ser parte de sociedades de las que no tenía ni idea. Pude conectar con muchísima gente, a estar del otro lado del mostrador y  apreciar todo tipo de trabajo.

Por eso digo, no hay que preocuparse tanto. Los títulos van a seguir estando ahí, si vuelven confíen en que van a encontrar trabajo, o a empezar un emprendimiento. Van a volver más inteligentes, abiertos, y experimentados.

A veces nos cerramos a las opciones que en realidad nos ofrece la vida y que al final son las que nos hacen aprender más.

Antes de saltar al vacío, siempre me pregunto:

¿Qué es lo peor que puede pasar?

Nada. ESO es lo peor que puede pasar. Que mires para atrás y en tu vida no haya pasado nada de lo que vos querías.
Somos el motor de nuestra vida. Hacerse cargo, tomar esas decisiones difíciles y siempre salir adelante.

 

Si estás pensando venir a Nueva Zelanda y te intriga cómo es la vida en las islas, empezá por acá.

Y a ustedes, ¿cómo los trata la vida en el extranjero?, ¿cuáles fueron los trabajos más delirantes que hicieron? Pueden dejarme su comentario que leo y respondo todo 🙂

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